Y después de toda una vida separados. Se acercó a mi y me preguntó:
-¿De qué trata ese libro?

Le contesté: de tú y yo, de nosotros. También trata de arcoiris y árboles. Hay pequeños conejos surcando sus lineas y tristes perros aullando la noche. También hay grises sombras buscando su fin junto a reflejos perfectos que destiñen la luz. Hay brisas cálidas que recorren nuestros labios a punto de unirse al son de una tonada de amor. Hay pensamiendos burdos y tiernos, cálidos y brillantes. Sus comas marcan la pausa que recorre el pincel que ha de pintar tu sonrisa y cada punto es un beso en la frente ante una despedida nocturna. Sólo eso hay, eso y mucho más.

-¿Y por qué tiene tantas páginas en blanco?

Algunas veces, hace falta un poco de luz en medio de tan gris avenida que le llaman vida. Algunas veces sólo falta creer para pintar un corazón. Algunas veces una sonrisa llena tu corazón de atardeceres. Y algunas veces, páginas en blanco representan lo que no se quiere contar.

-Tu libro es feo, no tiene portada y está escrito a mano. No tiene ningún valor más que el que le das tú mismo.

En realidad no me preocupé de hacerlo atractivo por fuera . Los verdaderos lectores nunca se preocupan de la portada para juzgar un libro. El contenido de esta obra vale más que cualquier otra. Pero está hecho así para que solo lo lea la persona indicada. Este libro es frágil, como sus lineas amontonadas y sus hojas amarillentas.

-¿Quieres que lea tu libro?

Eso lo decides tú. Sólo soy el fantasma del recuerdo marchito. La gota de rocio que jamás cayó. El poema que el poeta jamás escribió. Soy el triste caballero que se le oxidó la armadura de tanto esperar tu mirada. Soy la soledad y el sollozo. Soy la esperanza y el viento. Soy tu otra mitad…