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 Cuando La Macorina no se oyó.

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AutorMensaje
nicolas garcia
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MensajeTema: Cuando La Macorina no se oyó.   Sáb 09 Abr 2011, 9:26 am

Cuando la Macorina no se oyó.

Corría el 1985, aunque mi cargo de funcionario en La Empresa de Aereo Pesca en Holguín, me alejaba del laboreo manual, ese invento tan nuestro llamado "Trabajo voluntario" me obligó, conjuntamente con el grueso de los compañeros del centro a trasladarme para Las Cuarenta, en las estribaciones de la Sierra Maestra.

No era primera vez que caía en el corte manual de caña quemada, de no ser así, mi pingüe empleo con posibilidades de viajes al exterior, perecería. No se compadezcan prematuramente: peor es cortar la gramínea verde que deja una pelusilla insertada en los poros con el subsiguiente escozor durante horas. Mi contribución a la salida del subdesarrollo se veía menguada en altísima proporción por las nueve hernias cervicales tal como constaba en el informe médico que guardaba celosamente en mi maletín por si acaso algún jefe desconfiado no creyese en mi palabra.

Luego de las aparentes ocho horas de trabajo, disminuídas hasta lo irrisorio, gracias a las posibilidades de resolverles torro bolos plásticos, muy de modas para la época, a los encargados de hacer cumplir la norma y muy surtidos en nuestros almacenes; al fin podía bañarme en un anexo del dormitorio común, similar al laberinto de Dédalo, a cielo descubierto y limitado por un bosquecillo de piña de ratón. de un tanque enorme obteníamos agua para nuestras ablucciones vespertinas, extraídas con una pequeña perola de aluminio, así los últimos nos tocaba un líquido jabonosos que nos igualaba con anguílas eléctricas. El condumio consistente en arroz, chícharo y carne rusa ponía a prueba mi delicado estómago, adaptado a una nutrición más substanciosa proveniente de Europa Occidental. Dominó, cuentos y televisión precedían el sueño, no del todo reparador en las literas de sacos donde los pedos y palabras dichas entre dientes por los dormidos denotaban pesadillas de hombres agrupados en un colectivo variopinto sin un objetivo del todo comprendido.

La vida en el batey, como todos los de campo parecía un eterno domingo, estaba previsto que discurriera sobre un carril, las guajiras eran lo suficientemente arisca y estaban aleccionadas por los maridos, padres y suegras para no ser abordadas por humanos de fuera. Sin calles asfaltadas ni aceras, parecía el pueblo un enorme horno, sensación también trasladada al dormitorio. Los fines de semana un juego de pelota, carreras de caballo, riñas de gallos o de los habitantes exacerbados por las libaciones alcóholicas, nos hacían recordar que empezaba una nueva semana, la última para cumplir conel esfuerzo salvador de nuestra verdadera profesión que nos esperaba allá, en la ciudad.

Ültima semana que sería aprovechada por los dirigentes del pueblo para realzar su ego y tal vez sacudirse el muermo, hijo de la inactividad con una fiesta enorme para homenajear nuestra estadía y cumplimiento amañado del plan. Ültima semana, durante la cual el viernes salió a flote en mi ser lo que se estaba anunciando desde el martes: una gripe de las llamadas rompe huesos. La fiebre y dolor de cabeza despedazándome.

El ágape sería amenizado por un conjunto local cuya novedad era lo que en Cuba se llama "órgano oriental" pués se aplanó en estalatitud, quizás traído por los franceses. A los ignorantes en la materia los ilustro aún sin ser ducho en la materia: elórgano parece un escaparate de mediano porte, manufacturado en madera y con pocos metales, es un armastoste complejo, el cual mientras tenga una targeta de cartón perforada a guisa de partitura musical como aquellas primeras computadoras y dos homnbres turnándose en girar una pequeña manivela, puede estar hasta lo infinito repitiendo la misma melodía porque ese cartón está empalmado en sus extremo haciédolo un todo contínuo, corriendo por la entranñas del cajón, siedo necesario cambiarlo si quieren oír otra melodía. Uno timbales y otros intrumentos musicales acompañan al mostruo en su cantaleta.

Puntual como la hora misma, trajeron el grupo. El rey de los intrumentos fue apeado de un carromato, se colocó al centro del único comercio existente, sus humildes súbditos en la periferia. Rompiendo al unísono con un pandemonium intolerable a mis oídos, y conste que no soy puritano pero mi cuerpo quebrantado no podía tolerar aquella locomotora, mi cabeza sonana como los campanazos en la Catedral de Roma durante la misa papal. hube de retirme en un receso mientras los músicos refrescaban el gaznate con abundante aguardiente a granel. Un ictus febril me trasladó desde la litera hasta las etéreas regiones.

Al poco, fuí despertado por un murmullo in crescendo, convertido en palabras obscenas, luego en puñetazos. La riña aislada en principio se convirtió en una bronca tumultuaria, estilo película silente sin tortazos y sí mucha sangre. Los cuerpos volaban en el aire, algunos de mi compañeros entraron al albergue con las cabezas rotas. Me contaron que, luego del descanso el timbalero arrancó con esa melodía tan cubana de "¡Ponme la mano aquí Macorina, pónmela..!" Pero ante el asombro de los músicos y pobladores, elórgano no lo secundó¿Habían robado su manivela! ¡El Cíclope enseguecido por la aguja de la costurera! ¡Aquiles derrumbado con el talón sangrante! A veces los cataclismos se desatan por minnias causas. Ellos pensaron que algún coño de su madre de los macheros era el ladrón, pero al entrar al dormitorio y solo ver mi despojo humano calenturiento, fui descartado, siendo unos de los poquísimos en salir indemne de ese suceso que cambió los anales de la jurisprudencia local.

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nicolas garcia
Usuario Experto
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MensajeTema: Re: Cuando La Macorina no se oyó.   Sáb 09 Abr 2011, 9:35 am

Continuación.
La ola se hizo aullidos en minutos. Del arromato no quedó ni el "mato", el órgano fue declarado inservible. Se hizo necesario traer patrullas y fuerzas del orden público de los alrededores. El cuepo de guardia del hospital no daba a basto para coser tantos heridos, por suerte no ocurrieron muertes. Uno de mis colegas perdió la muela izquierda de bien colocada patada, para el asombro de los médicos. El resto quedó marcado con cicatrices para sus vidas. han pasado los años, los implicados se ríen del suceso, preguntándose quien sería el autor del suceso. jamás tuve el valor de confesarles como en el descansito de los músicos pude extraer la manivela y muy quedito trasladarla hasta el baño y zumbarla hasta el montecito de piña de ratón dode todavía ha de estar descansando.
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Juan Carlos Rey
Usuario activo
Usuario activo
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El miembro no ha recibido ninguna advertencia

MensajeTema: Re: Cuando La Macorina no se oyó.   Sáb 16 Abr 2011, 2:17 pm

Si te pillan...por lo menos te convierten en paté de foie.
Saludos


Juan Carlos king
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MensajeTema: Re: Cuando La Macorina no se oyó.   

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